Invitados Especiales

Patricia Galeana
Embajadora de México en Colombia

Por una cultura de paz

La desigualdad de género y los estereotipos discriminatorios que subsisten hasta la fecha en la sociedad tienen raíces filosóficas, jurídicas y religiosas, que a lo largo de la historia han impedido el desarrollo femenino y han favorecido su sometimiento, al hacer prevalecer la cultura patriarcal.
En el ámbito político solo una minoría de países en el mundo han logrado superar los estereotipos discriminatorios en los que se considera que el hombre nace para mandar y la mujer para obedecer. Hay pocas Jefas de Estado en el mundo, aunque cabe destacar que éstas se han destacado por un acertado manejo de la crisis pandémica que vivimos. Pocos países cumplen con el 40% de la cuota parlamentaria, así que la población femenina sigue subrepresentada en un gran número de países.
En el ámbito económico a trabajo igual no corresponde salario igual, ni en labores poco remuneradas ni a niveles gerenciales, tampoco en el ámbito artístico ni en el deportivo, los salarios de las mujeres son inferiores a los de los hombres. De todos los pobres, la mujer es la más pobre, pero sin el ingreso generado por ellas, la pobreza extrema se elevaría al doble.
Los atavismos patriarcales subsisten hasta nuestro tiempo. Expresiones degradantes y acoso han llevado a diferentes movimientos, entre ellos #MeToo, con el que surgió una cuarta ola del feminismo en que las mujeres luchan por el respeto a sus cuerpos, y a su dignidad. La performance de las jóvenes chilenas: Las Tesis, Un violador en tu camino, se volvió viral; fue replicada lo mismo en la Ciudad de México que en París y en Nueva Dehli. Ante este justo reclamo, ha habido una reacción machista, con la consigna: “agarren a las feminazis y viólenlas”. Esto ha llevado al incremento de feminicidios.
Vivimos un momento crítico, en el que al querer las mujeres liberarse de toda dominación, incluida la sexual, y al subsistir la cultura patriarcal y no haberse construido una nueva masculinidad, que no esté basada en el uso de la fuerza ni en la dominación de la mujer, ha aumentado la violencia feminicida, que en la mayoría de los casos queda impune.
En este escenario se hace indispensable difundir y cumplir el marco jurídico que garantice a la mujer una vida libre de violencia y todos sus derechos como ser humano. Establecer políticas públicas afirmativas con enfoque de género y una educación formal e informal, desde prescolar hasta posgrado, y a través de todos los medios de comunicación, que busque construir una cultura de paz, de respeto a la persona humana independientemente de su sexo, preferencia sexual, origen étnico o social, ideología o cualquier otra condición.

Un pueblo llega tan lejos como su educación se lo permite, la democracia es una forma de vida, de convivencia pacífica. Para alcanzar una sociedad con igualdad sustantiva, tenemos que acabar con los atavismos patriarcales. Vivimos un momento histórico. El mejor termómetro para medir el grado de civilización de los pueblos es ver la situación de sus mujeres, como escribió Norberto Bobbio en su Diccionario de Política.
El feminismo es la doctrina social que busca que las mujeres tengan los mismos derechos que han tenido los hombres a lo largo de la historia. La gran Revolución de las mujeres ha sido una rebelión mayoritariamente pacífica y silenciosa, y aún no concluye. Las mujeres demandaron primero sus derechos laborales, su derecho a la educación, sus derechos políticos y ahora luchan por una vida libre de violencia y su derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Para Herbert Marcuse esta ha sido la revolución cultural más trascendente de la historia de la humanidad y la consideró irreversible.
La terrible pandemia que vivimos ha aumentado la violencia hacia las mujeres. Ellas siguen siendo mayoritariamente las encargadas de las labores domésticas y de los cuidados de todo el núcleo familiar. Están encargadas de sus hijos, de los adultos mayores y de los enfermos. Y también sufren la violencia de sus parejas ante la frustración por el encierro y en muchos casos por la pérdida del empleo.
En las crisis, las personas y los pueblos no tienen más que dos alternativas, o desaparecen o salen fortalecidas. Deseamos que de la crisis que vive el mundo actual, surja una nueva sociedad más equitativa hacia los que menos tienen, con una igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, y con respeto hacia la naturaleza, para conservar nuestro planeta.

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